sábado, 18 de julio de 2009

EDITORIAL

Inseguridad: "Estado ausente" ¿Lejano oeste?

El temor domina hoy el espíritu de los argentinos, y es algo a lo que no debemos acostumbrarnos si queremos seguir viviendo en un país libre. La inseguridad constituye hoy en la Argentina un mal endémico, una rutina en la vida de los ciudadanos pues se pasó del delito como excepción, al delito cotidiano. Maestras, policías, ancianos, salideras, ya no se distinguen las víctimas, cualquiera puede serlo.
La gente ya no sabe a quien pedir auxilio por la inseguridad. El temor invade a la población, ya que las vidas se ciegan sin ningún sentido, con toda impunidad.
En la Argentina, país violento con amor, o con odio pero siempre con violencia (Osvaldo Soriano), se sufre todo tipo de atropellos: violencia política, partidaria, por la lucha por el poder, por parte de los delincuentes. Y los ciudadanos, que antes nos asombrábamos de lo que ocurría en otros países, hoy estamos aterrorizados.
En una cámara oculta que luego pasaron por tevé un joven de 17 años, después de maltratar a sus rehenes con mucha saña, les dijo: "No los mato porque no quiero, total quedo libre de inmediato". La forma en que se manipula la vida y la muerte denota una gran falencia de educación y falta de trabajo. Estas ausencias llevan a la pobreza, a la droga, al tránsito violento. Los derechos humanos de la niñez, de la ancianidad y de los más desvalidos han quedado en los papeles en la Argentina actual.
¿Se puede combatir el delito? Sí, pero es necesario una desición política. El ejecutivo tiene la obligación constitucional de proveer seguridad y garantizarla públicamente.
No se trata meramente de un mecanismo formal o liberal, es propio de la estructura del Estado como árbitros de intereses contrapuestos y como garante de una convivencia civilizada.
Hoy se pone al desnudo no sólo la increíble ausencia de autoridad gubernamental sino las carencias de un estado inerme sin resortes para asegurar el orden. Dicho en criollo estamos ante un "Estado ausente".
Decíamos hace un tiempo que la diferencia entre la época de nuestros padres y abuelos y ahora estaba en que antes el sí era sí y el no era no. Había premios y castigos. Hoy hay crisis de autoridad ya que todo vale, dado que no se respetan los límites; todo vale y reina el desorden. Antes había orden ya que el modo de actuar hacía que el sistema funcione. Ahora reina el desorden porque no obramos de ese modo y los funcionarios no funcionan.
Además padecemos un problema cultural muy serio. Tendemos a hablar mucho pero a la hora de la verdad no se resuelve nada. Las causas son varias: la especulación política, la indiferencia social, el miedo y la falta de compromiso.
Todos hablamos en la cola del súper, en la cola del banco; y en cualquier parte y parecemos todos genios pero a la hora de la verdad nos borramos, no somos ejecutivos. Los vascos tiene un dicho antiguo que dice: "Diciendo, diciendo y haciendo". Este (dijo una vez alguien) es el país de los poetas puro verso pero falta la acción; los hechos concretos.
Por eso vemos que las autoridades siguen conversando mientras se suceden los actos vandálicos. Las cosas no son tan difíciles y cuando hay voluntad se hacen. Y aquí va un ejemplo, ilustrativo para no hablar tanto.
Entre los inventos que proponen para cuidar la vida de los taxistas, ya todos ellos se probaron en Nueva York y el resto de EEUU. Los taxistas en esa ciudad, cuando tenían índices tremendos de delincuencia, como acá, solían trabajar como en una jaula en sus propios autos. Entre alambrados, con vidrios blindex, con apenas una bandejita que iba y venía con el dinero etc. Nada dio resultado hasta que apareció el alcalde Rudolph Giuliani y terminó con la delincuencia, aplicando: ¡tolerancia cero!
Yorkers, trabajadores y turistas, agradecidos. Desde entonces los conductores no se cubren con nada. Con ese ejemplo en nuestras narices, lo más lógico es que deben terminar con la delincuencia empleando sistemas acordes.
Debemos predicar la conversión así nos enseñó el Señor pero fundamentalmente debemos hacer lo que se debe. Más que nada reparar las ingratitudes devolviendo amor con nuestros actos, sin quejarnos y diciendo en los momentos difíciles "Jesús en vos confío".
¿¿¡¡Hoy todos hacen lo que quieren, es decir, sus caprichos lo que sus voluntades deciden pero debemos elevar la mirada y pensar que debemos hacer la voluntad de Dios!!

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